Protocolo del Embudo. Prof. Klgo. Philippe Souchard

Por Philippe Souchard Creador del Método RPG http://www.rpg-souchard.com

Artículo publicado en el boletín francés nº 63 (Saint Mont France). Traducido por Susana Cobas

Es sin duda presuntuoso para un simple fisioterapeuta querer escapar, de su dominio reservado, hecho de ligamento, de músculos, y de articulaciones para dar su opinión sobre la salud y sobre la evolución de la patología en gral. Pero la observación de los mecanismos del aparato músculo esquelético ofrece un campo de experimentación que no permite que nos engañemos, las correlaciones causa efecto son tangibles e indiscutibles. Una charla reciente con el doctor Michel Touret médico homeópata por el que tengo el mayor de los respetos me convenció que había llegado el momento de dar a conocer algunas de esas observaciones; la unidad psico viscero somática del hombre permitiéndonos de extrapolar…, cada uno de ustedes podrá juzgar si estamos o no en lo cierto.

Partiendo del principio de que la perfección no existe, es menos fácil de lo que parece definir que es el estado de buena salud. Algunos de nuestros pacientes, tienen una morfología nítidamente alterada y sin embargo, tienen la suerte de no presentar ningún síntoma. En cambio otros visiblemente mejor equilibrados, se quejan de diversos dolores a veces invalidantes.

Debemos ver en esto una primera razón: la deformación macroscópica indolora no degenera sistemáticamente en lesiones microscópicas dolorosas. Pero muy a menudo, a corto o a largo plazo podemos prever dicha evolución. Llamamos patología previsible por ej. el que una hiperlordosis lumbar termine en lumbalgia.

Pero esta sistematización, no es en si misma obligatoria, por que nuestros mecanismos de defensa, son extremadamente eficaces.

Ante la ausencia de una perfección mítica que nadie puede alcanzar, la calificación de salud, va a reducirse entonces a esta definición: mecanismos de defensa y de compensación que, bien regulados nos permitan realizar sin problemas, nuestras actividades cotidianas.

Y es ahí, donde aparece la primera paradoja: lo que parecía pre-determinado, no es obligatorio. En este estadío, es tentador hacer un primer paralelo con la evolución de las especies. Se necesita del tiempo y de la intervención del azar para que aquello que parecía programado, se produzca.

Una segunda comparación, nos entusiasma: la evolución de las especies esta basada en el principio fundamental de la pirámide de la complejidad. La asociación de quarks, luego de átomos, de moléculas, y de células, va a dar nacimiento a un organismo complejo. Una vez que este sea capaz de reproducirse, podrá a su vez dar origen a una cantidad de especies, y la pirámide de la complejidad se transformará entonces en reloj de arena. El punto de cristalización que constituye el primer organismo complejo en el lugar de estrangulamiento del reloj de arena, es ya al mismo tiempo pre- determinado, por los elementos ya existentes, y es el fruto de un acontecimiento particular. Su futuro dependerá de la adecuación entre la necesidad de sobrevida, y la de fiabilidad. Pareciera ocurrir lo mismo en la evolución de la manifestación clínica de las morfologías alteradas: a partir del punto de cristalización las sintomatologias que se presenten podrán ser innumerables, y creadoras a su vez de otros puntos de estrangulamiento del reloj de arena.

En estas condiciones, hasta donde puede y hasta a donde debe llegar un tratamiento? Para tratar de forjarse una opinión sobre esta cuestión, hay que examinar con atención el funcionamiento de nuestros mecanismos automáticos de defensa.

Por mas orgullosos que estemos de nuestra inteligencia discriminativa, en el campo medico debemos, y en forma imperativa, recolocar nuestros mecanismos de defensa en primera línea, ya que ellos son los garantes de nuestras funciones vitales.

Estos mecanismos automáticos de defensa deben responder obligatoriamente a tres reglas:

PRIMERA REGLA: poner a salvo las funciones esenciales

SEGUNDA REGLA: suprimir las alteraciones o los dolores, si esto no esta en contradicción con la primera regla.

TERCERA REGLA: estos mecanismos deben protegerse, es decir, no deben ser auto-agresivos, si esto no esta en contradicción con la primera ni con segunda regla.

El enunciado de estos tres principios reduce entonces la definición del buen estado de salud al de una buena gestión de las compensaciones….Por otro lado estas reglas pueden estar en contradicción entre sí, los mecanismos de defensa pudiendo aplicarse con mayor o con menor felicidad.

*Tienen la posibilidad de ponerse en movimiento frente a agresiones infraliminales. Las 3 reglas están de acuerdo: Vemos inmediatamente el interés de esto: la agresión no llegara jamas a la conciencia.

El costo tambien es evidente ya que si se fijan, estas defensas pueden crear patologías de origen desconocido. La 3 regla no esta mas de acuerdo con la 2.

*La agresión es lo suficientemente fuerte para llegar a la conciencia pero los mecanismos de defensa afinándose logran devolverla al inconsciente. Las 3 reglas están de acuerdo. Otra vez aquí el beneficio es tan evidente como el inconveniente: la causa no ha sido tratada a pesar de esa aparente vuelta a la normalidad. A corto o a largo plazo habrá discordancia entre la 2 y la 3 regla

*A pesar de su eficacia los mecanismos de defensa no logran enmascarar la agresión. El consciente va a ser alertado en forma permanente. La consulta se hace necesaria. La 2 regla no es más respetada.

*La auto-cura. Los mecanismos de defensa son lo suficientemente eficaces como para permitirla pero una vez obtenida van a desmovilizarse, entonces no habrá secuelas, las tres reglas serán respetadas.

*La paradoja de los efectos permanentes y de las causas evaporadas. En este caso la movilización de las defensas permitirá la cicatrización de la agresión primera, de la de origen pero la importancia y la duración de estas defensas crearon una nueva patología. Habrá conflicto entre la 2° y la 3°regla.

*Finalmente los mecanismos de defensa pueden estar en peligro en relación de la primera regla Ej: Un buzo que se encuentra a 20m de profundidad y con un tanque de oxigeno que deja de funcionar sabe que no debe respirar porque si lo hace va a inhalar agua , sin embargo lo hará : las defensas automáticas deben salvaguardar la oxigenación de la sangre y lo harán ,oponiéndose en este caso a la voluntad .

Por mas cruel que sea admitirlo no podemos sin embargo dejar de constatar que nuestras defensas automáticas se encuentran con enormes dificultades para respetar su programación, la mayoría de las veces desplazan el problema sin tratarlo creando así ,cuando se fijen ,su propio estrangulamiento del reloj de arena. Si bien es indiscutible que el organismo tiene facultades de “auto-cura” estas facultades deberán ser casi siempre activadas por un tratamiento adecuado. Si admitimos que las compensaciones pueden fijarse y que estas fijaciones pueden ser el origen de un cuadro clínico que no tiene nada más que ver con la causa primera y que en algunos casos esta causa puede estar incluso desaparecida. ¿Cuál debe ser entonces nuestra conducta?

Varias escuelas se enfrentan:

Nuestro razonamiento ha llegado a un punto tal que nos obliga en primer término eliminar los tratamientos puramente sintomáticos (y también desconfiar de los tratamientos analíticos) que no podrán jamás desanudar la madeja de los mecanismos de defensa, y en consecuencia no podrán remontar de la consecuencia a la causa de los problemas. Estos tratamientos serán exitosos solamente si son aplicados después de una agresión bien identificada, lo que significa, antes que actúen y que se fijen las compensaciones. Otros promueven el tratamiento causal, Oh cuanto los entiendo! No hay acaso algo de divino en él querer rehacer el mundo partiendo de su origen?

Infelizmente, este camino choca con obstáculos infranqueables. Hay una causa? Hay muchas causas? Estamos realmente seguros de sus responsabilidades?

A veces el interrogatorio, el examen del paciente, y la competencia del profesional, permiten orientar con mayor acierto las sospechas; dijimos que una hiperlordosis lumbar puede dar origen a un dolor, pero la elogiable intención de una terapia causal se derrumba una vez que el reloj de arena se constituye, una vez que los mecanismos de defensa se fijan, mas aún si se trata de la paradoja de los efectos permanentes y causas desaparecidas. Todos los días estamos confrontados con este problema.

Una báscula de pelvis crea una escoliosis, pero una vez la escoliosis fijada, la corrección de la pelvis no tendrá ningún efecto sobre la columna vertebral. Por otra parte la multiplicidad de mecanismos que están en juego complica las investigaciones; un paciente tiene al mismo tiempo cervicalgias y lumbalgias; al examinarlo, e interrogarlo, estas patologías no parecen estar ligadas. El tratamiento en postura nos lo confirma: la cervicalgia está ligada a un viejo problema de hombro, mientras que el dolor lumbar viene de una deformación de los miembros inferiores. Aunque contemporáneas estas patologías nos conducen a causas diferentes y necesitarán por ese motivo un tratamiento diferenciado. Nuestra conducta será : identificar y tratar al mismo tiempo todos los componentes de cada patología sin confundirlos con el otro reloj de arena.

Otra característica de nuestra manera de proceder es la de remediar al mismo tiempo la lesión dolorosa que podemos llamar “cualitativa” y la deformación estructural “cuantitativa”. Los homeópatas verán tal vez en este segundo punto una connotación de “constitución”. Esto significa que hay que tener en cuenta los síntomas “particulares”, que puedan estar, para simplificar, en oposición con la estructura “general”. Vemos todos los días pacientes con aspecto de “tarzan”: dorso plano, tórax prominente pero que sin embargo muestran una cabeza proyectada hacia delante. La deformación estructural en este lugar (cabeza)es inversa al comportamiento general.

Pareciera que debiéramos mejorar cada día la calidad de nuestros métodos y nuestra competencia para de esta forma “sospechar” más rápidamente las causas. Nada reemplazará sin embargo esa búsqueda paciente, que partiendo de uno o de varios síntomas asociados nos va a permitir, aboliendo las compensaciones corregir las fijaciones para llegar así al mecanismo causal. El principio del “aquí y ahora” no se puede transgredir. Una vez que llegamos al punto de estrangulamiento del reloj, otros problemas van a surgir: ¿Ésta causa es irreductible? ¿Dónde se encuentra el próximo punto de cristalización?.

Como en este mundo la perfección no existe el recorrido espacio temporal hacia la fuente puede no tener fin. A veces convendría continuarlo hasta nuestros ancestros, sin embargo hay que saber detenerse. Y es aquí que debemos recordar que la salud no es otra cosa que un buen equilibrio de las compensaciones y saber que toda tentativa de orden médica es empírica y que por lo tanto la capacidad de evaluación del terapeuta será siempre lo esencial.

Significa esto que debamos prohibir toda acción preventiva? Seguro que no. Aquí también la eficacia del método terapéutico empleado y la capacidad permiten algunas veces descubrir un punto de cristalización en forma más rápida que el paciente recorrido espacio temporal. Accidentes previsibles podrán entonces ser evitados pero con la condición de no olvidar nunca que necesidad no significa determinismo y que este tipo de intervenciones preventivas deben limitarse exclusivamente a los casos de los cuáles conozcamos demasiado bien las consecuencias sistemáticas.

Sólo si no perdemos de vista el pico del embudo podremos conciliar la gestión de la triste y compleja realidad patológica cotidiana con el dogma de la perfección.